29 Abr 2026 NCh2369:2025: fundaciones con 80% de apoyo con cargas reducidas
En esta ocasión, te explicamos por qué el análisis de estabilidad de fundaciones con cargas reducidas puede parecer inconsistente con la filosofía general de diseño, y cuál es la razón técnica para mantener este criterio en la práctica.
Esta semana, en relación con la NCh2369:2025 aborda una pregunta que surge con frecuencia en el diseño sísmico: por qué se analizan fundaciones con cargas reducidas si la filosofía general busca concentrar el daño en la superestructura y no en las fundaciones.
El punto de partida es distinguir entre los elementos que se diseñan con cargas reducidas por R* y aquellos que no. Las cargas reducidas se aplican a los elementos que se permite actúen como fusibles durante eventos sísmicos severos, como por ejemplo, los niveles de diseño SDI o máximo SMP. Se trata de elementos estratégicamente dispuestos para limitar el ingreso de carga sísmica a los elementos controlados por fuerza una vez superado un determinado umbral.
Estos elementos deben ser capaces de desarrollar mecanismos de disipación por deformaciones plásticas, y por ello, contar con niveles razonables de ductilidad. Entre los ejemplos mencionados se encuentran los extremos de vigas en marcos resistentes a momento, arriostramientos en marcos arriostrados concéntricamente, pernos de anclaje y en general, cualquier elemento donde se desee disipar energía durante el terremoto.
En contraste, los elementos no fusibles se diseñan por criterios de diseño por capacidad esperada y/o con cargas amplificadas por el factor 0,7R1, como ocurre, por ejemplo, con conexiones de arriostramientos, columnas y pedestales.
A partir de esa lógica, no se busca desarrollar daño estructural en fundaciones después de terremotos intensos. Por el contrario, el objetivo es que la disipación de energía se concentre en la superestructura. Por eso, el análisis de estabilidad de fundaciones con cargas reducidas puede parecer, a primera vista, una inconsistencia respecto de la filosofía general. Sin embargo, esta definición tiene una razón o argumento.
En una fundación rectangular rígida, diseñar con un 80% de apoyo significa un factor de seguridad al volcamiento igual a 2,14 para las cargas consideradas en el análisis. Se trata de un factor de seguridad alto, especialmente si se consideran las simplificaciones habituales de la práctica, como no incorporar el confinamiento lateral del suelo, mecanismos de fricción, entre otros.
Sobre esa base, y considerando además la experiencia observada en eventos severos, en los que no se registraron grandes problemas en la estabilidad de zapatas, se ha mantenido este requisito histórico de la práctica, presente tanto en NCh433 como en NCh2369.
Durante la discusión normativa se evaluó modificar este enfoque. Para ello, se revisó la estabilidad de fundaciones con dimensiones consideradas adecuadas luego de grandes terremotos, ajustando factores de seguridad y amplificando las cargas sísmicas por 0,7R1. En estructuras con R* = 3, se obtuvieron factores de seguridad cercanos a 1,5, equivalentes a aproximadamente 50% de apoyo. En estructuras con R* = 5, en cambio, se alcanzaron factores de seguridad cercanos a 1,2, es decir, porcentajes de apoyo del orden de 20% a 30%.
Finalmente, este criterio no se adoptó porque una carga vertical descargando sobre un área tan pequeña como el 20% genera tensiones de contacto superiores a las actualmente definidas como admisibles en los informes geotécnicos. Por ello, su eventual calibración requiere más tiempo, mayor análisis y mejor coordinación interdisciplinaria.
En ese contexto, la conclusión es que, aunque esta definición pueda afectar la consistencia conceptual del diseño, los criterios actuales son reconocidos como seguros, por lo que cualquier ajuste futuro requiere un desarrollo técnico adicional antes de ser incorporado.
Comité Editorial
Miguel Medalla
Director de AICE
Autores:
Miguel Medalla
AMU Ingenieros / Worley
Enrique Bass
AUSENCO